¿Asesorar para ser?

Por Laura Frau-

De cara a mantener la privacidad y el secreto profesional de los centros que lo solicitan, los nombres serán cambiados.

Transmitir lo que somos honestamente es un arte. El ser humano, tiene una tendencia fuerte al autoengaño, para evitar así confrontar el dolor que supone reconocer aquellas características, situaciones y vivencias que nos causan una herida en nuestro ego y a veces, aunque en minoría, en nuestra alma.

En muchas ocasiones, como asesora, me he encontrado con personas maravillosas, que quieren transmitir en el aula la educación de otro modo, pero que después de haberlo probado se sienten frustrados porque acaban haciendo lo mismo de siempre, o llegan a comportarse de un modo que no les gusta, y es que las ganas y la ilusión no bastan, aunque si son un motor importante para el cambio.

Para poder transmitir el aprendizaje de otro modo hay que desaprender lo aprendido con respecto a este y funcionar desde un lugar nuevo, desconocido. En esta ocasión, podréis comprobar cómo se llega este otro lugar, un lugar de cambio, diferente, que permite el aprendizaje como intercambio entre el adulto y el Niño.

Nos dirigimos a un contexto escolar urbano, en un centro público de una línea que abarca de los 4 a los 12 años. De una ciudad cosmopolita del norte de Europa, con gente de clase trabajadora con un estatus medio alto. Los padres/madres suelen trabajar en lugares de empresas fuertes en el mercado como directivos, secretarios y trabajos de gestión. Su nivel cultural es medio, ofuscados muchas veces con un trabajo que requiere mucha atención y competitividad. La familia pasa a un segundo plano y delegan la educación de sus hijos en el centro escolar.

Después de que el centro, durante varios años inicie  trabajos en el aula con metodologías activas, se preguntan porque los resultados no son satisfactorios,ni entre los niños, ni entre los padres ni entre el equipo docente ¿Que esta pasando?

Después de una primera entrevista con el claustro, mi trabajo se inicia y se realiza una observación participante en las aulas durante 15 días. También en otras actividades y en los espacios exteriores. Reuniones de claustro, consejo escolar y con los padres. Entrevistas con cada profesor. Y se concluye, junto con el equipo de profesores, que lo que ocurre después de esta observación, es que lo que se respira en las aulas es la misma forma de enseñar pero con distintos materiales, de aquí los resultados.

Sigue habiendo expresiones de reconocimiento y aprobación por parte del adulto, sigue habiendo riñas con lenguaje amoroso, explicaciones de consecuencias que acaban siendo amenazas, y falta concreción en los espacios y los materiales. Es un equipo con muchas ganas de trabajar, muy motivados por su profesión que ha sido en todos y cada uno de los casos vocacional. Pero su actitud es la misma que antes solo que mas dulcificada. El trabajo a realizar, en este caso, es un trabajo de cambio interno, de cambio de actitud. Y ¿cómo se cambia una actitud? Pues deshaciendo las creencias que la sostienen. Trabajando con el cuerpo y no sólo con la mente, que simplemente acompaña.

Hacemos diversas sesiones, la primera de identificación de comportamientos, la segunda de cambio de creencias y la tercera de integrar un nuevo comportamiento que responda con la actitud que quiero adquirir.

Por ejemplo, primer comportamiento…

Identificación: Reconocimiento y aprobación por parte del adulto. “Muy bien, lo haces genial, ect”

Cambio, desinstalar lo instalado. ¿De dónde viene mi necesidad de decirle muy bien?

Estas son algunas de las respuestas…todas llevan implícitas la necesidad de un trabajo personal.

-De mi propia sorpresa o felicidad cuando alcanzan un logro. (Implica aprender a gestionar su propia emocionalidad para que no influya en el otro)

-De creer que si no se lo digo no se enterará de que es así como quiero que lo haga

(Implica integrar que no hay una forma correcta de hacer las cosas sino muchas, y que el niño o niña tiene que descubrir su propia forma de hacerlo, no hacerlo como otro quiere, hay una falta de confianza en sus capacidades y eso se nota).

-De que a mi siempre me decían lo mal que lo hacia y me hubiese gustado que me dijeran que lo hacia bien (implica un trabajo con “el niño” interno herido, que no se ha sanado y se está proyectando en su trabajo).

¿Que es lo peor que podría pasar sino se lo digo?

-Que no se ponga contento cada vez que logra algo (no siempre lograr cosas es garantía de satisfacción)

-Que lo haga mal y no consiga hacerlo (falta de confianza en sus capacidades)

-Que se piense que no lo quieren o lo hace mal (proyección)

Estas son sólo algunas respuestas y preguntas de la sesión.

En la segunda sesión, una vez hemos identificado las ideas y creencias limitantes y lo que afecta a cada uno, trabajamos con dinámicas corporales, esculturas y hipnosis ericksoniana y trabajos de roles parentales para deshacer lo instaurado e instalar lo que queremos transmitir.

La tercera sesión se realiza al cabo de un mes. En ella revisamos qué se ha modificado y qué no, y trabajamos en las nuevas correcciones  que aun faltan.

Al final, lo que hemos obtenido son acompañantes coherentes con lo que quieren enseñar, aun falta algo de trabajo personal en algunos, que tendrá que continuar más allá del asesoramiento, pero la estructura ya esta cambiada y encaminada hacia lo que queremos. Ahora hay que confiar y dejar que el río fluya.

Al cabo de un año vuelvo a revisar lo que ha sucedido. Efectivamente, ahora sí se nota el cambio y eso va reflejado en el proceso y también en el resultado. Por fin, lo que se hace en las aulas es respetuoso, confiere la responsabilidad del aprendizaje al niño y favorece el desarrollo, tanto de adultos como de los pequeños.

Ahora, los adultos son… Y el espacio y el contexto reflejan esa forma de estar en el mundo. No hay que educar para ser, sino ser para educar.

 

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