Crianza respetuosa… criar desde la verdad

Por Cristina Rosello-

La crianza respetuosa empieza en un mismo. Solamente reconociendo nuestros propias necesidades y sentimientos más ocultos, podremos ofrecerles una verdadera crianza basada en el respeto y la confianza.

Hoy en día, tendemos a seguir estereotipos generalizados de las cosas, dicho de forma más sencilla modas o tendencias. Sin entrar en temas antropológicos o sociales, y enfocándonos en nuestra propia vivencia, este hecho es normal teniendo en cuenta que en nuestras escuelas nos hacían preguntas a las cuales daban respuesta en los libros de texto, así que nunca nos dieron la oportunidad de buscar ideas o respuestas nuevas ante situaciones ya conocidas. Es más, si a ti por voluntad propia se te ocurría poner en duda alguna de aquellas respuestas, eras como mínimo rápidamente filosofeado por tu maestro o maestra, el cual te hacía entender que la verdad absoluta estaba en él o en aquel libro.
Además, lo perfecto para la escuela era (y es) que una clase de niños y niñas fuera lo más homogénea posible, ya que los
ratios que había (y hay) en las aulas dificultaba la tarea de lidiar con 25 o 30 niños y niñas con capacidades, intereses y experiencias distintas. Además, en casa seguían (y siguen) la misma filosofía pues era (y es) más cómodo para las familias que sus hijos e hijas no destacaran demasiado y siguieran al rebaño y, de esta forma, no tener que dar muchas explicaciones ni asumir mucha responsabilidad.
Por suerte, las cosas están cambiando en la educación y los adultos que sufrimos el paso por la escuela podemos recobrar la creatividad y la originalidad con un labrado trabajo personal.
Así que considero que lo primero que debemos aclarar ante el sello de “Crianza Respetuosa” es que ni debe ser una moda, ni hay respuestas concretas o fórmulas mágicas para criar. La verdadera crianza respetuosa vive en cada uno de nosotros. Suena bonito y filosófico, ¿verdad? Pero nada más lejos de la realidad lo que una mamá siente cuando, bajo el sello de crianza respetuosa, se le escapa un grito, un premio (manipulación) o incluso, para calar más hondo en la frustración de la madre, un pequeño azote. Evidentemente, ninguna de las situaciones anteriores son gestos respetuosos hacia el niño o niña y, por tanto, no son aceptables, pero desgraciadamente sí reales. Sencillamente, porque en el momento en que nos llega la maternidad o la paternidad volvemos a dar la bienvenida a nuestra niña o niño interior, que no puede evitar sacar hacia fuera todo aquello vivido y también todo aquello que anheló vivir. Los casos que he expuesto antes, son casos extremos pero también lo podemos aplicar a la manera de poner límites y normas en casa o a otras muchas circunstancias que se dan a lo largo de la maternidad/paternidad. Por eso, antes de hablar de términos, métodos y teorías sobre crianza respetuosa, quería aclarar que la crianza respetuosa empieza en uno mismo. No podemos esperar que nuestros hijos e hijas sean felices, equilibrados y con una estabilidad emocional, si nosotros mismos no la poseemos. Ellos viven bajo nuestras emociones y sentimientos constantemente, y así van formando su interior, especialmente en los tres primeros años de vida. En estos años los bebés son totalmente intuitivos, guían sus días a través de una conexión bebe-mamá fuera del entendimiento de muchas mentes racionales. Aún no han desarrollado el lenguaje, se comunican a través de este hilo que sostiene una catarata de sensaciones que inunda su cuerpo y que salpica a todo su entorno.
Pero, ¿cómo vamos a evitar que nuestros estados de ánimo, nuestras vivencias, nuestras necesidades insatisfechas y nuestros problemas no afecten al bebé o niño? Pues simplemente no podemos, ya que forman parte de nosotros. Aquí empieza un trabajo personal, que conlleva mirar hacia dentro y sacar hacia fuera de forma canalizada, vivencias, creencias limitantes, expectativas erróneas y todo un largo etcétera de sentimientos que nos acompañan en lo más profundo de nuestro ser. Para iniciar este trabajo, hay personas que les es suficiente con leer libros que le ayuden a identificar aquellos sentimientos o viviencias. Para otras sirve encontrar a alguien en su mismo entorno que les acompañe en este proceso de abrazar a su niño interior (pareja, hermanos, amigos…). En muchos casos funcionan los grupos de apoyo, como los grupos de maternidad, los de realización y trabajo personal, etc. Pero en la mayoría de casos se necesita una intervención profesional de un terapeuta o guía. Lo importante, en cualquier caso, es la aceptación de los propios límites, la humildad para asumir nuestros propios errores y también nuestra responsabilidad en aquello que está viviendo el niño o niña.
Además, de ser necesaria la búsqueda de soluciones reales para nuestro bienestar y, por lo tanto, para el bienestar de nuestros hijos e hijas.
Martha Alicia Chàvez, en su libro “Tu hijo, tu espejo”, habla de tres mecanismos de defensa (la proyección, la negación y la formación reactiva) que reproducimos en las relaciones en general, pero especialmente en las relaciones con nuestros hijos. Haciendo referencia a la negación, expresa: “Salir de la negación y reconocer que hay algo que no funciona, que necesita ser cambiado, e incluso reconocer que a veces no puedes solo y necesitas ayuda, es el primer paso, por cierto quizá el más difícil, todo lo demás viene casi por añadidura.” Y por propia experiencia, lo que puedo compartir es que una vez que uno se reconoce a sí mismo que algo no funciona y da el primer paso consciente para cambiarlo, ya no hay marcha atrás, y todo lo demás vendrá rodado.
En este caso, he estado haciendo referencia a la maternidad/paternidad pero este concepto se puede extrapolar también a todos los maestros, maestras y guías que acompañan a los niños y niñas en su camino, pues también se encuentran en el día a día con sus sentimientos y necesidades más ocultos, lo cual se ve reflejado en su relación con sus alumnos y alumnas.
Como este trabajo es complejo y requiere tiempo, ¿cómo podemos empezar a compartir todo ese mundo interior con nuestros hijos e hijas de forma sana y responsable? Pues con las herramientas que tenemos y usamos continuamente, el lenguaje y la comunicación. Estamos acostumbrados, por la idea generalizada de inferioridad que tenemos hacia la infancia, de hablarle a los niños y niñas de una forma distinta e infantilizada, este hecho es más frecuente cuanto más pequeños son los niños y niñas. Intentamos reducir al máximo la información, encogiendo todo tipo de cosas, seres y conceptos (perrito, vasito, pantaloncito…). Y este hecho se multiplica cuando se trata de expresarles ¡nuestras propias emociones! Que en la mayoría de los casos intentamos esconder o disfrazar ante sus ojos. Pero ahora que sabemos que los niños y niñas son los seres humanos más intuitivos que existen y que además están conectados con nuestras vivencias y sentimientos de forma permanente, ¿cómo nos vamos a permitir esconder algo que ya están sintiendo? ¿no sería engañarles? Con un lenguaje claro y preciso les podemos dar la información que a ellos les falta. Si ven o, mejor dicho, sienten a su mamá o su papá triste, enfadado o nervioso, pero no saben el motivo lo que sienten es inseguridad, incertidumbre y malestar. Por el contrario, si nos acostumbramos a expresarles lo que sentimos, no solo les ayudamos a aclarar ese popurrí de sensaciones y emociones, si no que además contribuimos a que ellos también aprendan a compartir sus sentimientos, les facilitamos vocabulario para llevarlo a cabo y les mostramos respeto, amor y confianza. No se trata de extendernos y contarles nuestros problemas, sino de ser sinceros y expresarles lo que nos pasa de forma clara y concisa. Ejemplos:
♥Mamá está triste porque se ha ido la tía Luisa, le ha gustado mucho tenerla de visita y compartir tiempo con ella.
♥Papá está nervioso porque se le ha roto el coche, es un lío tener que movernos todos sin el coche ¿verdad?
♥Mamá te ha gritado porque a ella también le gritaban de pequeña, pero no está bien hecho, así que te pido disculpas, mamá intentará hacerlo mejor la próxima vez.
Lo que estamos haciendo es compartir la realidad, sin más, y de esta manera les incluimos en la vida familiar, dándole un sentido. Y aún más importante, en el momento que compartimos ese sentimiento o emoción, estamos aceptándolo y será más fácil para nosotros ver cómo ese hecho afecta al niño o niña.
Esta forma de expresar y compartir la verdad se puede poner en práctica desdeq ue nacen. Que los bebés no hablen no quiere decir que no entiendan, pues perciben nuestras señales, nuestros movimientos, nuestro tono de voz y hasta puede que encuentren matices que les den información en las palabras que les decimos. En cualquier caso, les estamos abriendo nuestro corazón y eso siempre lo van a agradecer. Explicar a nuestro bebé lo que vamos a hacer, cómo lo vamos a hacer, dónde vamos a ir, lo que sentimos, lo que queremos o necesitamos, cómo nos pueden ayudar… Omitimos mucha información valiosa a lo largo de una jornada que el niño o bebé no posee pero que le es necesaria para ordenar su mente y su entorno. A veces les cogemos, les cambiamos el pañal, les vestimos, les montamos en el cochecito, les llevamos al supermercado, después a casa de la abuela… Y todo esto sin a penas informarlos, con muy poca flexibilidad y acomodación a sus necesidades reales, las cuales ya iremos viendo, ya que no se basan tan solo en comer, dormir y asearse. Como resultado, tanto la mamá, como el bebé, terminan estresados y cansados, lo cual da pie a situaciones tensas que desembocan en una relación basada en la desconfianza y las prisas.
Si, por el contrario, compartimos constantemente información y tiempo con ellos, por un lado nos permite conectarnos a sus necesidades y, por otro, conseguimos sentirnos más entendidas/os y satisfechas/os. Además, la comunicación fluída con un vocabulario claro permite a las niñas/os dar sentido a su vida y al mundo donde la viven. Laura Gutman, en su libro “La Maternidad y el encuentro con la propia sombra”, el cual recomiendo a todas las mamás, dice al respecto: “La magia de las palabras logra acercar el mundo sutil del niño pequeño y el mundo concreto de los adultos. Por eso, las palabras deben ser utilizadas; son la traducción de lo que pasa.” Pero no solo basta con hablarles e indicarles lo que va a pasar o vamos a hacer.
Se trata de hablarles desde la sinceridad y la confianza. Recordad que ellos sentirán la mentira si intentáis ocultar la verdad. Los niños y niñas necesitan crear con nosotros relaciones emocionales sanas, basadas en nuestros sentimientos reales y no en historias inventadas y excusas prefabricadas. Y desde la Verdad, es de donde debemos empezar a construir nuestra propia Crianza, a la cual llamaremos Respetuosa pues su objetivo es que todos los miembros de la familia se sientan respetados y amados por partes iguales, donde ningún miembro tendrá miedo o vergüenza a expresar lo que siente o necesita.
Esta crianza desde La Verdad, a veces se puede ver mermada por el que denominaremos “Personaje Falso”. Cuando una familia empieza a introducirse en la crianza y educación respetuosa y busca información, se encuentra con conceptos como disciplina positiva, Método Montessori, Pedagogía Waldorf, educación emocional y un sin fin de términos pedagógicos que destacan el respeto al niño o niña y el acompañamiento del adulto.
Cuando se empieza a profundizar en estos conceptos, nos vamos dando cuenta que no es algo que podamos poner en práctica de forma aislada, sino que la crianza respetuosa se convierte en una filosofía de vida. Se introduce en nuestro día a díay a medida que vamos conociendo más, vamos incorporando a nuestro hogar nuevos hábitos. Por supuesto, estos hábitos no solo afectan al niño o niña sino, especialmente, en los papás y mamás que deben predicar con el ejemplo. Es posible que muchos de estos papás y mamás, inicialmente, intenten forzar esa postura relajada, con tono neutro y con movimientos lentos y precisos, sin intervenir y sin ponerse nerviosos, actuando desde la templanza y la calma. Y aquí es cuando muchos papás y mamás intentan crear un personaje falso entorno a una creencia que los niños y niñas captan rápidamente. Ésta, en vez de dar los resultados deseados, terminará dando más bien los contrarios. O en muchas otras ocasiones el resultado será que los mismos padres y madres no podrán asumir ese personaje y terminarán tirando la toalla, diciendo frases como: “esto de la crianza respetuosa no está hecho para mí”.
En primer lugar, me gustaría aclarar que la crianza respetuosa es para todo aquel que lo está intentando, pues eso quiere decir que ya ha asimilado que las otras formas de criar, que no se basan en el respeto ni en el amor incondicional, no son lo mejor para sus hijos e hijas. Y en segundo lugar, hay una cosa que debemos tener muy clara cuando nos proponemos criar desde el respeto, sea cual sea la teoría, método o interés; nuestros hijos e hijas no quieren ni necesitan padres y madres perfectos.
La escuela, nuestras propias familias y la sociedad en general nos han enseñado que el error es algo malo y que debe evitarse. En la escuela el método de evaluación era (y es) a través de exámenes, por lo tanto, si nos equivocábamos éramos sancionados con malas notas y si lo hacíamos correctamente éramos premiados con buenas notas.
En casa, cuando rompíamos algún objeto o se nos caía un vaso de agua, si no nos reñían por ello, seguro que por lo menos se montaba un revuelo entorno a ese hecho. Así ha sido como se han desarrollado las generaciones de inútiles y torpes, como patrón de conducta de padres/madres a hijos e hijas. Esto queda de forma permanente en nuestra mente, dando por hecho que cuando se nos cae algo, hacemos alguna tarea de forma errónea o nos equivocamos al preguntar o responder seremos sancionados. En este caso no con malas notas o una reprimenda, sino una sensación de vergüenza y rechazo. Pero el error es la única forma que tenemos de aprender. Y mediante el ensayo-error es como llegaremos a realizar nuestro objetivo de forma exitosa.
No podemos pretender hacerlo todo bien a la primera, ni siquiera a la segunda o la tercera, se trata de practicar y reeducar nuestra mente, así que no es tarea fácil. Que nuestros hijos e hijas vean el trabajo que realizamos para mejorar es mucho mejor ejemplo que el hecho de que intentemos aparentar que lo controlamos todo. La calma, la templanza, el equilibrio emocional, la paciencia, la serenidad y otras muchas virtudes que nos reclamamos más a nosotros/as mismos/as desde que entramos en el mundo de la paternidad/maternidad (aunque, por supuesto, si no se poseen se pueden aprender poco a poco) están ligadas a esa necesidad de introspección, de cuestionarnos continuamente, pero también de respetarnos y valorarnos a pesar de nuestros errores y defectos.
De este modo, sí podremos ser nosotros mismos y transmitir a nuestros hijos e hijas el respeto, la autenticidad y, especialmente, la confianza que necesitan para creer en nosotros como referentes y crear con nosotros relaciones sanas, que se traduzcan en un bienestar familiar.
Desde esta perspectiva, nos damos el permiso de construir nuestra propia crianza, sin estereotipos, sin mitos, sin imposiciones, sin censura ni vergüenza. Desde lo que somos, humanos imperfectos que caminan un camino imperfecto pero lleno de belleza y magia como es la maternidad/paternidad, dándonos la oportunidad de seguir aprendiendo y creciendo junto a ellos.

De esta forma, les regalamos a nuestros hijos un mar cristalino en el que reflejarse, donde casi todo lo que se ve en el fondo es oscuro y desconocido, pero ese desconocimiento e incertidumbre nos ayuda a que el amor y la curiosidad crezcan con ellos. Y al igual que debemos reclamar nuestro derecho a ser protagonistas de traer al mundo a nuestros hijos e hijas, sin intervenciones innecesarias, sino de forma natural, siendo nosotros los protagonistas de la historia (no olvidemos que somos animales y nuestra especie ha llegado hasta aquí a través del instinto), también debemos reclamar a la sociedad y a nosotros mismos nuestro derecho a criar a nuestras crías.
Trabajar por el reconocimiento de la maternidad, de la paternidad y de la crianza en nuestra sociedad, es una necesidad. Pues si queremos un mundo mejor y creemos en él, solo nosotros podemos cambiarlo. Nuestros hijos e hijas son el futuro del mundo, si les podemos regalar La Verdad, que detrás de su envoltorio trae seguridad, amor, confianza, respeto y libertad, regalaremos al mundo una nueva vida.

You May Also Like