Educación Emocional

Por Antonio Esquivias– 

LA APUESTA NECESARIA PARA LA NUEVA EDUCACIÓN

Desde hace años, y de modo progresivo, se oye de la necesidad de introducir la Educación Emocional en la Escuela. Las redes sociales arden llenas de emociones, de asertividad, de empatía, de gestión del enfado. La Educación Emocional parece el ingrediente de todas las recetas. Sin embargo tanto ruido genera una cierta confusión y voy a tratar de dejarte una idea clara de lo que es y de lo que no es la Educación Emocional en la Escuela.

Para entender sus orígenes actuales hay que acudir al Informe Delors, «La educación encierra un tesoro», elaborado en 1996 para la UNESCO, con el fin de hacer sugerencias para la educación en el siglo XXI. El informe se convirtió rápidamente en la fuente de inspiración para la innovación en la escuela. En su planteamiento el aprendizaje se apoya en 4 pilares: Aprender a conocer, Aprender a hacer, Aprender a vivir juntos, Aprender a ser.

Primero nos fijamos en que hay un cambio de enfoque. No se habla de enseñanza, sino de aprendizaje, el alumno es el punto de central del informe. Si se quiere reformar la educación hay que pensar en el alumno. Segundo es un movimiento mundial, que se ha extendido como mancha de aceite por todos los continentes.
Hay más cambios, yo diría que una ampliación del ámbito de la educación. La enseñanza vamos a llamarla tradicional, se ocupaba de los dos primeros pilares, «aprender a conocer» y «aprender a hacer».
Aunque es evidente que necesita una profunda renovación para conseguirlos, pues la orientación dominante del sistema educativo-académico hasta el momento sigue siendo la adquisición de conocimientos; la misma idea de «aprender a hacer», de adquirir habilidades prácticas, sigue siendo difícil en la educación tradicional.
Los otros dos aspectos, «aprender a vivir juntos» y «aprender a ser», estaban ausentes del conjunto del sistema educativo, y son precisamente el terreno de la educación emocional. Es decir, la educación emocional se ocupa de la persona del alumno y de atender a las relaciones de los alumnos, que pasan a ser objetivos del sistema educativo tanto como el conocimiento.
En este cambio de la educación, el éxito académico ya no es el objetivo global de la educación, sino el bienestar personal del alumno, sus relaciones, sus conocimientos y sus habilidades (sus conocimientos prácticos). El bagaje con el que un alumno debe salir de la Escuela se podría cifrar en preparado para la vida y no solo demostrando dominio sobre unos cuantos conocimientos teóricos de los que el mismo alumno duda que tengan utilidad práctica.
Los dos pilares nuevos, «aprender a vivir juntos» y «aprender a ser», se gestionan en la persona desde la esfera emocional. Emociones y sentimientos facilitan los elementos clave de lo que somos y de cómo nos relacionamos con los demás. Además proporcionan la motivación, que es el impulso del alumno en su progreso a través del sistema educativo, y en general en su vida.
Ambos pilares, «aprender a vivir juntos» y «aprender a ser», se pueden educar, esa es la verdadera novedad del informe, y pueden y deben ser incluidos entre los aprendizajes de la escuela, que de este modo incorpora elementos que hasta ese momento se consideraban fuera de la enseñanza. Aún quedan corrientes que defienden que en la escuela se aprenden conocimientos y el resto lo deben traer de casa, pero son más bien minoritarios y básicamente constituidos por docentes que, o se resisten al cambio, o les da miedo entrar en ese terreno ignoto de los sentimientos, que hasta ahora pertenecían exclusivamente a la esfera particular.
La realidad es que desde el informe Delors (1996) hasta hoy, 20 años, ha habido una proliferación de iniciativas para llenar la gran laguna detectada. Desde hace tiempo, ya desde antes, se habían ido forjando métodos y herramientas para un aprendizaje centrado en el alumno y ahora disponemos de un buen bagaje de herramientas y métodos susceptibles de aplicar la Educación Emocional, para que los alumnos «aprendan a vivir juntos» y «aprendan a ser». Aprendizaje cooperativo, Aprendizaje basado en proyectos, Aprendizaje basado en problemas, Programa de Tutorías entre Iguales (TEI), mindfullness, meditación, programas de yoga, etc., etc. También algunas corrientes educativas pioneras como el Método Montessori, las Escuelas Waldorf, la pedagogía progresista de John Dewey, la «disciplina positiva» de Alfred Adler, ya se habían adelantado en este centrarse en el alumno. Incluso se puede considerar que el sistema preventivo de san Juan Bosco era una experiencia anticipadora de esta línea.
Todas estas metodologías que comparten la misma idea de centrar el aprendizaje en el alumno y hacerle protagonista y responsable de su aprendizaje, llevan años de aplicación con resultados excelentes. Muy señaladamente, Carl Rogers, había hablado de una educación centrada en el alumno que no podía ser otra cosa que emocional (Libertad y creatividad en la educación. Paidós. Buenos Aires.1980).
Sin embargo, la proliferación de métodos es tal que se crea una cierta confusión. Entonces ¿qué es la Educación Emocional? y ¿cuáles de esas metodologías son realmente Educación Emocional? La primera idea es que la Educación Emocional no es una metodología. La Inteligencia Emocional es una idea de lo que es el ser humano, idea que pone el acento en la dimensión emocional porque ésta ha sido descuidada en la etapa cultural de la que procedemos: la modernidad había dado un predominio total a la razón en el ser hombre, identificando ser persona con razonar.
Sin embargo el ser humano es algo más complejo, y lo que propugna la Inteligencia Emocional es una visión integral de la persona y recuperar en esa visión a los sentimientos que estaban olvidados. Desde este punto de vista integral, podemos distinguir tres niveles o esferas y dos sustratos en el ser humano:
●Cuerpo (sustrato corporal), que nos conecta a la tierra.
●Esfera Fisiológica-instintiva: biológica, instintos.
●Esfera Afectiva-sentimental: psíquica, sentimientos.
●Esfera Intelectual: Inteligencia y voluntad: racional, pensamientos.
●Familia, cultura y sociedad (sustrato social): los grupos humanos donde nacemos, a los que pertenecemos y donde vivimos.
Las tres esferas son los dinamismos de la persona como animal biológico, sensible y racional que vive en el planeta Tierra. Poseen una cierta independencia, pero básicamente están conectadas, formando un entramado que llamamos persona. De forma que lo más importante es que la persona es una, es un todo.
Las sensaciones conectan la esfera tendencial-instintiva con la afectiva, lo biológico con lo psíquico. Las emociones conectan a la vez con lo sensitivo (que procede de los sentidos) y con lo racional. Son respuestas psíquicas que evalúan las situaciones en las que se encuentra la persona. Los pensamientos influyen en y están intrínsecamente conectados con lo psíquico: un modo de tranquilizar una persona es hablarle, desdramatizar, etc. Las emociones se encuentran de este modo en el centro mismo de la persona, conectándolo todo. En realidad constituyen la identidad personal, la propia definición como persona, sus recuerdos, su motivación, su energía, su toma de decisiones, sus respuestas, sus relaciones, sus objetivos, … De tal modo que haber olvidado esta esfera ha sido tanto como haber dejado de lado gran parte del ser humano.
En el fondo el Informe Delors propugnaba una recuperación para la educación de algo que se estaba recuperando en la cultura de la postmodernidad: los sentimientos y la esencia personal del ser humano.
Podemos ahora enumerar las 5 ideas que vertebran la aplicación Educación Emocional:

La centralidad del alumno en el proceso de enseñanza-aprendizaje y consiguientemente un papel del profesor como guía o coach y no como autoridad y único responsable del proceso.

Recoger y gestionar las emociones y sentimientos del alumno, como el elemento clave que motiva, guía y genera el aprendizaje.

Gestionar las relaciones en el aula. El aprendizaje se produce en relación y nuestras relaciones, nuestra vinculación a las personas está gestionada por nuestras emociones y sentimientos. Las relaciones entre los alumnos en el entorno educativo se convierten en fundamentales.

Dentro de las relaciones adquiere un peso particular la gestión del enfado y el conflicto y por tanto de los límites de las relaciones humanas.

El vínculo que se establece entre docente y alumno se convierte en un elemento clave del aprendizaje en un aula.

A la vez que crecía ese interés en las emociones y el ser humano integral, se ha producido un cambio fundamental en la cultura y la sociedad: el desarrollo de Internet y de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación). Con su increíble crecimiento en estos mismos veinte años en los que surge la Educación Emocional, el conocimiento ha dejado de ser patrimonio del profesor para estar disponible en la red. El rol del profesor varía en algo clave: ya no es el propietario del conocimiento como en la Escuela tradicional.
Antes en la escuela te hablaban de cosas que no conocías y de las que ni siqueira habías oído hablar: así descubrías París, Estados Unidos, el imperio Romano, el desarrollo de la física, las bacterias y los virus, etc. Ahora todos los alumnos ya han oído hablar de París y tienen miles de fotos accesibles, “si les interesa”. Cualquier alumno puede acceder a la información y con frecuencia de una forma más rápida y efectiva que el mismo profesor. Consecuencia inmediata es que el papel de guía del docente es reforzado y su papel tradicional puesto en duda. La metodología de enseñanza varía necesariamente. De nuevo las metodologías de las que hablaba arriba se convierten en necesarias y adquieren nuevo impulso. Pero hay un condicional que aparece: “si le interesa”, el alumno puede acceder al conocimiento, pero solo accede “si le interesa” y además lo hará de un modo caótico, sin orden, sin sistema.
El papel del docente es ahora, y aquí está la conexión con la Educación Emocional, en el “si le interesa” y en dirigir ese interés. Ese es el nuevo objetivo del profesor. Ya no da los conocimientos que le parecen interesantes, sino que debe dirigir y orientar la motivación y el interés del alumno para que este sepa moverse en el nuevo mundo en el que vive. El “interés” del alumno es el foco.
Por ejemplo, fruto directo de este cambio, tenemos la metodología de la flipped classroom o clase invertida. La inversión consiste precisamente en que primero el alumno accede al conocimiento en Internet y luego en el aula crítica, fundamenta y consolida el aprendizaje. El profesor apoya, comprueba, sugiere… pero no comienza con su lección magistral. Entonces, ¿qué es Educación Emocional? Ahora ya tenemos una respuesta sencilla: toda aquella metodología que ponga al alumno como centro del aprendizaje, que utilice sus emociones como guía para la motivación y que tenga en cuenta las relaciones para el aprendizaje. Y también, precisamente por esto, hay muchas metodologías compatibles con la Educación Emocional. Las metodologías son necesarias, porque la Educación Emocional necesariamente debe vehicularse a través de una metodología, pero subordinadas a las personas, a sus relaciones y sus necesidades. La Educación Emocional es la guía que orienta a la persona, la metodología es la forma para ajustarse de verdad a cada alumno. Por tanto no es solo la metodología lo que produce la Educación Emocional. En mi opinión, la implantación de la Educación Emocional en el sistema educativo comienza con la capacitación emocional del profesor.

La necesidad más clave de este momento en la Educación es precisamente: que el profesor adquiera competencias emocionales. El profesor debe aprender a gestionar las emociones y las relaciones en el aula. Esta es clave para una auténtica y real Educación Emocional y por ello, las competencias emocionales deben pasar a formar parte de modo ineludible del curriculo del profesor, como elementos imprescindibles de su labor docente.
Este comenzar por las competencias del docente centra la Educación Emocional en su papel central de gestionar la relación humana. El aprendizaje es y será siempre una relación entre personas. Y las personas son esencialmente diferentes. Respetar la diferencia se encuentra en la entraña misma de la Educación Emocional. Desde este punto de vista, la Educación Emocional es más fácilmente compatible con una educación inclusiva, ya que lleva a adaptarse a la particularidad de cada persona.
En este trabajo de capacitar al docente en competencias emocionales, en España llevan años trabajando Rafael Bisquerra, profesor en la Universidad de Barcelona, y Natalio Estremera y Pablo Berrocal, profesores en la Universidad de Málaga. Para conocer la evolución de las competencias emocionales lo mejor es acudir a Salovey y Mayer que son quienes elaboraron el concepto de inteligencia emocional y han trabajado un esquema de competencias emocionales del que parten todos los demás. También ha sido muy importante la teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner que recogía la Inteligencia Emocional en 2 inteligencias: intrapersonal e interpersonal.
Las competencias emocionales tanto del docente como del alumno se clasifican en 4 áreas del siguiente modo:

Intrapersonal ▬ Autoconocimiento ▬ Regulación
Interpersonal ▬ Conciencia social ▬ Regulación de las relaciones
DARSE CUENTA     CONDUCTA
Rafael Bisquerra (Bisquerra, R y Pérez, N. Las competencias emocionales. Educación XXI, 10, 61-82, 2007) recorre en 4 conceptos el contenido de lo que es una competencia:
●Conocimientos: línea del saber. Entender la propia competencia emocional.
●Capacidades: base del actuar. Aptitud, talento, cualidad que dispone a alguien para el buen ejercicio de algo.
●Habilidades: línea del actuar. Gracia y destreza en ejecutar algo que sirve de adorno a la persona, como bailar, montar a caballo, etc.
●Actitudes: Predisposición. Manera de estar alguien dispuesto a comportarse u obrar.
Como resumen, estos 4 conceptos nos pueden servir de guía para saber lo que la introducción de la Educación Emocional debería ser capaz de conseguir en un alumno:
●Que conozca cognitivamente el sistema emocional, emociones y sentimientos y su forma de actuación.
●Que tenga la capacidad de reconocer sus emociones y ser empático con las de los demás.
●Que tenga habilidades para gestionar las propias emociones y las de los demás. Que sepa motivarse a sí mismo y liderar a los demás. Que sepa gestionar los conflictos.
●Que acepte de modo positivo sus emociones y sentimientos, su propia sensibilidad y los de los demás.

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