Sexualidad cuando hay bebes y niños pequeños

Por Ruth Arias-

La sexualidad no existe en la pareja cuando hay bebés o niños pequeños en la casa. Fin del artículo. ¿Cómo se te queda el cuerpo? ¿Qué has pensado? ¿Es verdad?. ¡Pues claro que no!. Yo diría que es uno de los momentos de la vida en los que es bueno prestarle atención a su cuidado. Y digo que hay que prestarle atención, porque es frecuente que la dejemos de lado. Suelen ser momentos de agotamiento físico y emocional, y encontrar el momento adecuado es a veces un milagro, las hormonas siguen alborotadas en muchos casos, etc.

Sin embargo, también son momentos de gran emocionabilidad y sensibilidad, de necesidad de sentir que tu pareja, si la tienes, está a tu lado, de necesidad de poneos de acuerdo en muchas cosas. Es decir, de necesidad de tener encuentros afectivos con tu compañero/a. Y eso es lo que debería ser la sexualidad. Compartir un momento amoroso que facilite la comunicación y el encuentro. Por eso es tan importante tenerla presente. “¿Pero cómo?”, estarás pensando si atraviesas esta situación, “si apenas tengo tiempo para mirarme en el espejo”… Es cierto, y a pesar de ello, voy a tratar de convencerte de que le dediques tu energía. Vamos a hablar entonces de qué aspectos cuidar y cómo hacerlo.

La sexualidad es una parte más de la relación con el otro. Es como hablar, reírse, disfrutar de una comida, etc. Es el momento de ampliar al máximo su significado. Tener sexo con tu pareja significa tener un encuentro íntimo basado en el placer. Eso es muy amplio y va mucho más allá del orgasmo o la penetración. Las cosas han cambiado. Es un tiempo que pasará (esto también es muy importante tenerlo presente) pero ahora estáis cansados. Es bien posible que tengas ganas de hablar con tu pareja estando abrazados y de acariciaros, pero sin alcanzar la excitación suficiente como para una sesión de cama salvaje; ni falta que hace por el momento.

Lo mejor que puedes proponerte en esta etapa es que sea un tiempo de baja exigencia para todo. Tus recursos energéticos van dirigidos a ocuparte del bebé y/o de los niños. Tienes que saber que atraviesas una crisis de cambio, que conlleva cosas maravillosas y otras que no lo son tanto. Poner conciencia en ello, saber que estás cambiando y ser tolerante contigo misma y con el otro va a facilitar mucho el camino. Y, con esta premisa, tienes que predisponerte a prestar atención a la sexualidad de tu pareja. Es tiempo de hacer contratos. Los contratos son una técnica que utilizamos frecuentemente en terapia de pareja. Ahora me explico.

Como decía, es difícil que se den las situaciones de ‘aquí te pillo y aquí te mato’. Y, si esperáis el momento perfecto en el que los nenes duermen y no hay algo urgente que hacer en la casa, puede no ocurrir jamás. Y, si ocurre, es fácil que os interrumpa el despertar de alguno de ellos. El resultado es que acabas haciéndolo con una oreja puesta en los ruiditos que vienen de la habitación y otra en los suspiros de tu pareja y pensando “voy a darme prisa” o, peor aún, “a ver si se da prisa”. No digo que esa no sea la manera de hacerlo de vez en cuando, pero no siempre, porque entonces le queda poco espacio al romanticismo.

Sexo programado

Lo que propongo es que programéis cuándo, cómo y dónde vais a tener sexo. Sí, tenéis que concretar una cita. Cuando digo esto, frecuentemente resuena como algo poco espontáneo. Está extendida la idea de que el sexo tiene que serlo, y yo estoy proponiendo todo lo contrario. Hay que planear tener sexo y cuidar todos los detalles que lo permitan. Eso, principalmente quiere decir quedar con los abuelos o con algún amigo para que ejerzan como canguro durante dos horas.

Es cierto que antes no tenías que programarte, pero ahora sí. Lo mejor de esto es que ese tiempo va a permitirte pensar en el sexo con tu pareja, imaginar, fantasear, enviaros mensajes cálidos, o subidos de tono, cómo prefieras. Es necesario, y va a ser muy productivo en este tiempo, pensar en el sexo, hablar de él para tener ganas y estimular el deseo. Cada pareja tiene su tempo y sus recursos. Es posible que algunos puedan hacerlo una vez a la semana, otros cada quince días, y la mayoría una vez al mes.

Pero, no busquemos excusas para no hacerlo porque las encontraremos. La gran mayoría de parejas, pasados los primeros meses en que a las madres puede resultarles desgarrador separarse físicamente del bebé, pueden hacerlo. Esta es la primera parte del contrato. Poneos de acuerdo en la frecuencia, el día y la hora que consideráis más idónea, incluso en el lugar. La segunda parte consiste en hablar de lo que le apetece a cada uno en la cama, o en cualquier otro sitio. Dando por hecho que uno puede querer llegar hasta el orgasmo y el otro no. Que uno puede simplemente pedir un masaje placentero.

Sin exigencias

Todo está permitido mientras los dos estéis de acuerdo. Vuelvo a repetir, sin exigencias y con el máximo respeto a lo que el otro quiera y tú estés dispuesta a hacer. El principal objetivo es ese encuentro placentero con tu pareja. Sentirte deseada y hacer saber al otro que deseas estar con él. Una pareja puede sostenerse un tiempo limitado sin sexo, pero al menos ambos deben intercambiar muestras de complicidad que mantengan vivo el deseo mutuo. Porque la falta de ellas es lo que más heridas puede producir, y por lo tanto es lo que más tienes que cuidar.

Por último, quiero destacar la importancia de hablar sobre cómo estás viviendo en estos momentos la sexualidad. En muchas ocasiones, cuando una pareja llega a mi consulta, una de las quejas principales es el sexo. Acudir a un experto siempre puede ser un buen recurso. En algunas ocasiones basta con aclarar ciertos malentendidos.

Recuerdo en este momento que alguien me dijo que no estaba de acuerdo con la frecuencia de sus encuentros, pero que no tenía ganas de más. Cuando le pregunté cada cuanto tiempo solían tener sexo, me dijo que más o menos una vez cada diez días. “No está nada mal” le respondí, me miró extrañada y me contó que antes lo hacían dos o tres veces a la semana. Le pregunté si había hablado de ello con su pareja y me contestó que, si a ella le parecía poco a él seguro que también.

Este es el mejor caldo de cultivo para los malentendidos: dar por supuesto. Cuando lo contrastó, la respuesta de su pareja fue: “yo también estoy muy cansado, para mi está bien. Creo que ya vendrán otros tiempos”. Se acabó el problema. A pesar de que los dos añoraban los tiempos en que su sexualidad era excelente, ambos estaban satisfechos con su sexualidad en ese momento. Era la que podían tener. He aquí otra de las claves de la sexualidad satisfactoria: hablar.

Resumiendo, mi receta es: poca exigencia para casi todo, ampliar al máximo el concepto de sexualidad, hacer saber al otro que le deseas, hablar mucho y programar citas en las que mantener una actitud de encuentro amoroso. La sexualidad así siempre es posible. No olvides nunca que la buena sexualidad es para la pareja que la cuida.

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