La diferencia entre lo urgente y lo importante

Por Helena Corral- Pediatra-

Muchos padres acuden a Urgencias porque se preguntan si los síntomas que tiene su hij@ pueden ser graves.

Otros padres creen que es importante que cuando sus hij@s presentan signos de enfermedad es imprescindible que lo valore un pediatra para realizar un diagnóstico y descartar complicaciones.

Otros padres utilizan el sistema de urgencias para realizar las consultas que les preocupan en el horario que a ellos les es compatible con sus otras responsabiliades (laborales, etc), aunque no sean recientes.

El problema de esto es que muchas veces los servicios de urgencias de hospitales y centros de salud están sobresaturados y la gente tiene que realizar una larga espera para ser atendidos. Y los profesionales se sienten bastante frustrados de atender a enfermos que no son urgentes y que esperen enfermos que en realidad sí precisan atención más inmediata.

Por eso en muchos centros sanitarios se generan sistemas de Triaje, en un intento que los pacientes que presentan una urgencia sean atendidos en un plazo de tiempo aceptable, que varía en función de la aparente gravedad (si está grave será atendido de inmediato, alguien con una enfermedad urgente sería atendido en cuanto fuese posible y las personas que vienen sin cita pero sin signos de alarma, sería atendido después que las anteriores)

Por eso a la llegada a un centro sanitario en muchas ocasiones serán valorado por un profesional sanitario, que realizará unas preguntas y valorará una serie de síntomas (temperatura, saturación de oxígeno, frecuencia cardíaca y/o respiratoria…)

Es por esta razón por la que a veces veréis pasar antes a otros pacientes que han llegado más tarde que vosotros.

La inmensa mayoría de las enfermedades más comunes infecciosas de los niños son víricas. En esas enfermedades los antibióticos no son efectivos. Las defensas del cuerpo son las que curan la enfermedad. Pero el cuerpo necesita un tiempo para ello. Los procesos víricos suelen solucionarse en aproximadamente 5-7 días. En los primeros 2-3 días es cuando los síntomas van empeorando. En los siguientes, las defensas empiezan a eliminar más intensamente el virus y empiezan a remitir los síntomas hasta desaparecer.

Muchos padres preguntan cuáles son las cosas que les deberían preocupar de sus hijos cuando están enfermos. Los síntomas que pueden indicar que un catarro ya no sea sólo un catarro y se haya podido complicar.

Muchas de las enfermedades infecciosas se manifiestan con fiebre (temperatura mayor a 38ºC) los primeros días. La fiebre es un síntoma, es decir que no es imprescindible bajarla siempre.  Si una persona tiene fiebre, suele presentar malestar, tener menos energía y manifestar frío y más sed.

Se puede intentar que el niñ@ se encuentre lo más confortable posible (ropa cómoda, un baño, etc). También es conveniente ofrecerle muchos líquidos para reponer lo que pierden con el sudor. Y si veis al niñ@ más apagad@ es conveniente permitirle reposar y que no realice mucha actividad.

Sería conveniente revisar más atentamente al niñ@ si tras bajarle la fiebre sigue estando muy decaíd@ o excesivamente adormilad@, llora intensamente o manifiesta dolor de oídos, garganta, …, si los picos febriles no bajan fácilmente o son muy altos (más de 39,5ºC), si la fiebre dura más de 4 días, o al niñ@ le salen manchas en la piel (especialmente si tras estirar la piel próxima a la mancha, ésta no desaparece).

En infecciones respiratorias (catarros, gripes, etc) los niños suelen tener tos y mucosidad. También puede manifestar fiebre, malestar o dolor de cabeza o barriga.

Las medidas que pueden aliviar al niñ@, son hidratarlo bien: ofrecer muchos líquidos, mantener un ambiente poco seco o humidificado y hacer de forma adecuada lavados o irrigaciones nasales. Estas últimas pueden hacer que el niño respire mucho mejor, disminuyen la necesidad del cuerpo de toser y disminuye la posibilidad de complicaciones.

Los signos de preocupación serían tos importante, o que la tos dure más de 1 semana o vaya empeorando. Que presente dificultad para respirar (respirar muy rápido, al respirar hundir las costillas, o el hueco de encima del esternón, usar las aletas de la nariz), escucharse pitidos o sibilantes, o que el niñ@ esté agitad@.

En infecciones digestivas, los pacientes suelen tener menos apetito, dolor de barriga y pueden tener vómitos, diarrea y/o fiebre. La falta de apetito no es preocupante, ya que se suele recuperar cuando la infección va remitiendo. Lo preocupante sería una posible deshidratación. Esta se puede producir más fácilmente si el niñ@ es muy pequeñ@, si la cantidad de líquido que pierde es muy importante (número de vómitos y/o diarrea muy abundante) o la cantidad de líquido que bebe, es escasa.

Los signos de alarma son por tanto que el niñ@ bebiese poco, que tuviese muchas pérdidas, que hubiese sangre en las cacas o que el proceso se alargase más de una semana.

Algunas enfermedades víricas son mixtas, manifestando tanto síntomas respiratorios como gastrointestinales.

Sea la enfermedad que sea, siempre que el niñ@ esté especialmente adormilado o muy dolorido o si los padres tienen la sensación de que algo no va bien, es conveniente valorarlo.  Los padres son los que mejor conocen a sus hijos.

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