La aceptación del alumno como clave emocional del aprendizaje

Por Antonio Esquivias-

En mi artículo anterior hablaba de la sorpresa, curiosidad e interés como base emocional del aprendizaje. Indicando el origen del aprendizaje en la observación, o si preferís desde la perspectiva del sistema emocional, en la mirada. La pregunta ahora es: ¿hay algún elemento emocional más que sea necesario para el aprendizaje?

Formulando la pregunta de otro modo: Además de cuidar la sorpresa como emoción básica, ¿hay otras condiciones emocionales necesarias para el aprendizaje de la persona? ¿Cuáles son esas condiciones?

Mi respuesta es que para la Educación Emocional el aprendizaje se produce en un ciclo, ciclo cuando circula en positivo, alimenta constantemente el aprendizaje. Para circular hacia adelante y no atascarse necesita, además de la observación, ya indicada, 3 condiciones más: aceptación por parte del alumno, compartir y hacer. En estas líneas voy a tratar la segunda de esas condiciones, que a mi modo de ver es imprescindible, pero no tanto cuidada ni por el sistema educativo ni por muchos profesores, que utilizan modos de hacer digamos tradicionales.

Ese ciclo se denomina ciclo de la armonía. Las 4 condiciones son:

  1. La base emocional del aprendizaje: observación
  2. La 2ª condición: aceptación por parte del alumno
  3. La 3ª condición: compartir, el aprendizaje se produce en relación.
  4. La 4ª condición: actuar, hacer

De la observación he hablado en el artículo anterior.

En estas líneas vamos a tratar de la 2ª condición emocional del aprendizaje: la aceptación por parte del alumno.

La aceptación por parte del alumno, condición necesaria para el aprendizaje.

Esta condición se encuentra de salida con una fuerte dificultad: los sistemas educativos son obligatorios por ley en la casi totalidad de los países, es decir no se cuenta con la aceptación del alumno para incluirlo en la educación, ni para elegir lo que debe estudiar, ni puede tampoco intervenir en las condiciones de ese estudio.

Sin embargo, ya hemos visto que en la base emocional del aprendizaje de una persona se encuentra el interés. Se aprende si algo nos interesa. Si nos obligan es difícil que nos interese algo, o al menos el origen de tener que estudiar no tiene que ver con el interés, es digamos, una voluntad externa, no el impulso del alumno. Para entender las implicaciones de esto voy a explicarme brevemente.

No vemos todo lo que hay, no somos observadores externos de la realidad, objetivos, que lo ven todo. Muchas veces he comentado que, si dos personas dan la misma vuelta por una calle, al regresar no comentan las mismas cosas, ya que se habrán fijado en objetos diferentes. No digamos ya si se trata de un hombre y una mujer, entonces hasta podríamos pensar que se han paseado por calles diferentes. La pregunta es qué nos interesa, qué nos lleva a poner nuestra atención en unas cosas si y en otras no.

En ese recorrido imaginario podemos habernos encontrado con una panadería, si es ya casi la hora de comer y tenemos hambre, el aroma del pan recién hecho es seguro que ha captado nuestra atención. Nuestra necesidad es la que ha despertado nuestro interés.

¿Qué nos interesa?

La primera respuesta es, por tanto: nos interesa aquello que captamos como susceptible de llenar nuestras necesidades. Y nuestras necesidades son muchas si tenemos en cuenta a Maslow[1]. Un ejemplo clásico de variación de intereses y por tanto de la mirada y la observación, se produce cuando una mujer se queda embarazada. Entonces de pronto aparecen las tiendas que se dedican a los bebes, antes estaban ahí pero no se veían. Igualmente, de pronto, aparecen embarazadas por todos lados.

Esto quiere decir que intereses diferentes implican miradas diferentes y, por tanto, que nuestra mirada va ligada a intereses y necesidades, no es objetiva, sino subjetiva, conectada con nosotros mismos como organismo con muchas necesidades. Detrás de nuestra mirada está nuestro sistema emocional. Y este sistema emocional organiza la realidad de un modo axiológico: las cosas nos caen bien o mal, nos interesan más o menos. Los objetos que observamos los deseamos o los rechazamos. Nos hacemos un centro de observación axiológico en función de necesidades[2].

Cada persona es la que decide sus intereses

Por ello, hay cosas que SÍ queremos ver y otras que NO queremos ver, porque se ajustan o no a nuestras necesidades e intereses. Y lo que no queremos ver tenemos muchas probabilidades de no verlo efectivamente y lo que queremos ver, lo que nos interesa ver, tenemos probabilidades de verlo.

Por eso nuestra mirada necesita la aceptación para ver la realidad y no sencillamente plegar la realidad a nuestros deseos. La madre de una hija anoréxica, dura situación con la que me he encontrado más de una vez, no ve que su hija está haciendo el tonto con la comida. Puede pasarse más de un año sin verlo. Y para un padre su hijo es normal, mientras que para el profesor tiene un comportamiento disruptivo.

Para mi esta observación axiológica, en bien y mal para nosotros, y no objetiva de la realidad es necesaria y tenemos que aprender a vivir en ella, a conocernos, a aceptarla. En todos, también en nuestros alumnos, hay aspectos de la realidad que nos cuesta aceptar, incluso que no queremos aceptar. Aceptar la realidad es un paso necesario para el aprendizaje, paso que depende de cada persona. Algo tan obvio como que para aprender hay que querer aprender y si no queremos aprender, nadie excepto nosotros puede poner esa voluntad.

Esto implica que la aceptación de cada alumno es necesaria para que aprenda y que esa voluntad se otorga, valga la redundancia, voluntariamente. También implica que nuestro mundo es nuestro, con lo que nosotros hemos aceptado y carente de aquello que no aceptamos ver. Por tanto, enseñar a amar la realidad es una clave de la inteligencia emocional. Amar y aceptar la realidad, no tenerle miedo.

Esta clave, la aceptación, no está en las manos del profesor, sino del alumno. Si el alumno no acepta, si está atascado, si siente miedo de la asignatura y se queda parado, el profesor puede hacer muchas cosas menos prestar su aceptación en lugar del alumno. El aprendizaje es algo personal y cada uno debe dar su aceptación, sin ella no hay nada que hacer, nuestro ciclo del aprendizaje se detiene.

En realidad, esta condición mete plenamente a cada alumno en su proceso de aprendizaje, algo que el docente hará muy bien en tener en cuenta. En realidad, habría que hacer una revisión de arriba abajo de todo el sistema educativo para incluir de verdad al alumno en el proceso. Desde luego mi opinión es que hay que dejar intervernir al alumno en su propio proceso, hay que hacer un sistema respetuoso de la persona e intereses de los alumnos.

Esto precisa también el cambio de muchas prácticas, muchos modos de hacer de la escuela y de los docentes que se practican desde hace muchos años y que van precisamente dirigidos a imponer al alumno esa voluntad de estudiar, a hacerle entrar en el sistema, pero sin respetar su propia voluntad.

Yo entiendo que esto que digo es difícil, incluso utópico para quienes llevan muchos años metidos en el sistema educativo, dadas las condiciones actuales de este. Pero afirmo que es una línea de desarrollo que hay que incluir si quiere de verdad reformar este sistema y mejorar de verdad sus condiciones. Actualmente hay muchas herramientas que caminan en esta línea, muchas didácticas, muchos modelos que lo tienen en cuenta. En verdad, es algo enteramente necesario: no se puede educar personas sin tener en cuenta la esencia de lo que significa ser persona: poder decidir por uno mismo.

 

Antonio Esquivias

http://www.educacionemocionalescuela.com/

[1] Ver Abraham Maslow, A Theory of Human Motivation, 1943,

[2] Sobre el tema de la dimensión axiológica de los sentimientos ver ampliamente: Carlos Castilla del Pino, Teoría de los sentimientos, 2000, Tusquets Editores. Pgs 75 y sgts.

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