Montessori

Un método de aprendizaje donde los niños trabajan, no juegan-

Por Nadia Ferreyra- 

¿Por qué las escuelas Montessori triunfan en todo el mundo? ¿Porqué cada vez hay más maestros, profesionales de la educación y padres que quieren aprender este método? El método que creó a principios del siglo pasado María Montessori revolucionó en su día la manera de entender la educación. Sigue de total vigencia y es una de las pedagogías en auge en España.

Decir que es un método de enseñanza podría quedarse corto, ya que María Montessori nos habló de una educación para la vida, que nace de concebir la persona como un ser con todas sus potencialidades por desarrollar. De una visión del niño como el futuro adulto que será.

Todas sus teorías se basan en la observación científica. Así es como pudo ver lo que verdaderamente motivaba a los pequeños: hacer las mismas cosas que los adultos.

Además, se dio cuenta de que cada niño, en un determinado momento de su desarrollo, sentía especial necesidad de hacer una actividad concreta y nombró esas etapas como períodos sensibles.

Empezó a aplicar su trabajo con niños que tenían ciertas deficiencias mentales, consiguiendo que éstos aprendieran a leer y escribir. Al ver los resultados, decidió trasladar sus conocimientos a todos los niños y perfeccionó su método hasta conocer el legado que conocemos hoy.  Una metodología sustentada en tres pilares básicos: el ambiente preparado, el niño, y el rol del adulto que acompaña.

EL NIÑO- LA MENTE ABSORBENTE Y LOS PERÍODOS SENSIBLES

 María Montessori observó que en la primera etapa de la vida, desde el nacimiento (e incluso antes) hasta los seis años, la mente de los niños puede compararse a la de una esponja. Absorbe todo lo que recibe del entorno. Sin límites.

Esta maravillosa capacidad de asimilar conocimientos, primero se manifiesta de forma inconsciente (en la etapa 0-3) y posteriormente, todo lo asimilado se interioriza, se ordena y pasa a un plano consciente.

Por otra parte, nos habla de Períodos Sensibles. Son aquellas etapas, o ventanas de tiempo, en las cuales los niños tienen especial interés por hacer determinadas actividades, de una manera reiterada hasta que la asimilan.

Los principales son el período sensible a la adquisición del lenguaje, el del orden, el sensitivo y el de movimiento. Es en estos momentos donde se pone de manifiesto la especial relevancia de la actitud del adulto, ya que si es capaz de identificar estos espacios de tiempo, podrá facilitar la tarea del niño, en vez de obstaculizarla. Son etapas pasajeras y que no vuelven. Si se aprovechan pueden ser tremendamente enriquecedoras, y si por el contrario, no son reconocidas, pueden ser obstaculizadas o bloqueadas.

Por poner un ejemplo, cuando sobre los dos y los tres años los niños quieren ponerse los zapatos, o escogerse la ropa y cambiarse. Esta es una oportunidad para fomentar su autonomía y el desarrollo de esa capacidad. Si frenamos esa necesidad innata “si desaprovechamos ese período sensible” probablemente años después seguiremos poniendo los zapatos o lucharemos para que lo hagan por si mismos.

EL AMBIENTE PREPARADO

Un espacio pensado a medida, donde no se deja nada al azar, dinámico y real. Todo tiene un sentido y un objetivo, un porqué y para qué. En él se exponen materiales reales, manipulables y rompibles. Atractivos, vistosos. Colocados estratégicamente y siempre al alcance de los niños. Eso sí, se expone un ejemplar de cada unidad.

El ambiente se distribuye por áreas de trabajo: vida práctica, sensorial, lenguaje y matemáticas son las áreas básicas en “casa de niños”. Luego se amplían en primaria “Taller” con material de geometría, geografía, ciencias, historia, música…

Los niños se mueven con libertad, son libres de escoger en qué trabajar y durante cuanto tiempo. Hablamos de libertad dentro de una organización clara con límites definidos, explicados y consensuados.

Una de las normas de funcionamiento es que los materiales han de ser presentados por el guía para poder ser utilizados. Es un  requisito indispensable, ya que en ese momento el guía explica el correcto uso y sus posibilidades de manipulación. Una vez presentado, el alumno puede cogerlo las veces que quiera. Y al final de su uso, lo devuelve a la estantería. Recién ahí puede ser usado por otra persona.

En las escuelas Montessori no se habla de “material de juego”, sino de “material de trabajo”. Y no hay ningún miedo de llamarlo así. Es partiendo desde esta premisa como se traslada el respeto y cuidado por el mismo.

Casi todo es auto correctivo, dando oportunidad a la autoevaluación, fomentando la autonomía y el propio juicio. Así el adulto deja de lado el papel de dirigir, y puede acompañar desde la observación, una observación libre de juicios, casi científica, para detectar qué es aquello que motiva al infante y en qué fase del desarrollo se encuentra.

No se fermenta la competición. Se respeta el ritmo individual, ofreciendo material adecuado que estimule, rete y motive el aprendizaje.

EL ROL DEL ADULTO

 El adulto es el tercer pilar. En Montessori se habla de guía, ya que se acompaña al niño en su desarrollo, actuando como ejemplo en todo momento. Como cité anteriormente, una de sus funciones principales es la de observar. Estar presente, ver atentamente lo que sucede, sin juzgar, dejando de lado cualquier prejuicio, impresión o expectativa. Entre sus responsabilidades está la de saber guiar y poner los límites con seguridad y con una actitud amorosa, clara y de total respeto.

 

“El niño debe tener libertad para desenvolverse en el ambiente. Allí debe encontrar motivos para realizar una actividad constructiva correspondiente a las necesidades de su desarrollo. Debe entrar en contacto con un adulto que conozca las leyes que rigen su vida y no las obstaculice; que no lo sobreproteja, no le diga qué hacer ni lo obligue a ninguna cosa sin tomar en cuenta sus necesidades”.

María Montessori

“si el niño no ha podido actuar según las directivas de su periodo sensitivo, se habrá perdido la ocasión de una conquista natural, y se habrá perdido para siempre”

María Montessori

“la actitud del educador ha de ser de amor y de respeto absoluto a su dignidad como ser humano”

María Montessori

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