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La 3ª clave para el aprendizaje según la Educación Emocional-

Por Antonio Esquivias-

La tercera clave para educar con Educación Emocional es compartir. Esta clave es posterior al momento en que el docente observa que se ha dado la aceptación. Quien observa y acepta algo nuevo de la realidad necesita compartirlo para hacer efectivo el avance. El aprendizaje se realiza en relación. Somos seres sociales y necesitamos hablar de nuestros descubrimientos, necesitamos verbalizarlos, ponerlos en común y así darles firmeza. Al comunicarlos les damos carta de existencia social y el aprendizaje se reafirma.

Es verdad que alguien puede hacer un descubrimiento solo, incluso muy importante, pero llega el momento en que tiene que comunicarlo. La realidad, la importancia del avance, del descubrimiento se van a forjar precisamente en este compartir. Los grandes avances culturales de la humanidad se han hecho por elites minoritarias que compartían, que intercambiaban los descubrimientos creativos entre ellos: ese ambiente de compartir era el caldo de cultivo que producía los avances. El aprendizaje se produce en un ambiente de aprendizaje. El compartir fomenta la creatividad, hace fecundas las ideas, nos permite contrastar, ver la fuerza que tiene lo que hemos descubierto, hacer el esfuerzo de que otros descubran también esa nueva mirada.

Luego la Educación se produce en relación y una de las competencias más importantes del docente es crear esa relación donde se produce el aprendizaje, porque no todas las relaciones producen aprendizaje. Se trata de la relación que produce la igualdad necesaria para que el alumno pueda intervenir, donde se sienta seguro para participar. Una función central del profesor es proporcionar a cada alumno la seguridad que permita participar, seguridad que se consigue cuando los alumnos se perciben aceptados y respetados en su proceso de aprendizaje.

Esta seguridad del alumno es la base de la autoestima y es una competencia ineludible del docente. El docente debe ser sensible a la inseguridad de alumno, detectarla cada vez que aparece y buscar los medios para transformarla en seguridad. Mala docencia es la que fomenta inseguridades, ridículo frente a la clase, o frente a los propios escasos conocimientos, etc. Cada alumno debe sentir que puede crecer, que puede aprender, que es capaz de ello. Proporcionar esa sensación de ser capaz es el centro de esta competencia docente de la que estamos hablando.

Por tanto, en la educación la fase del compartir el aprendizaje tiene una importancia clave. La enseñanza se debe hacer con participación activa de cada alumno. El alumno debe mostrar a los demás su aprendizaje, debe hablar de su aprendizaje, explicarlo. El protagonista de la educación es el alumno, que es quien aprende y el profesor debe darle precisamente el espacio para comunicar, un amplio espacio de participación en su propio aprendizaje. La época de las legiones magistrales, donde solo hablaba el docente se ha acabado. El profesor es un guía del alumno que le acompaña y le da espacio y participación para que su aprendizaje se haga real, efectivo.

Proporcionar ese ambiente y esa relación donde el alumno se sienta seguro para compartir es una de las tareas del profesor, más importante hoy incluso que la impartición de conocimientos, conocimientos que ya están al alcance del alumno por muchas vías fuera de la del profesor.

Lo que no está tan al alcance del alumno y debe encontrar en el aula es justamente poder comunicar, compartir. Hay muchos modos de hacerlo, muchas metodologías que pasan la palabra al alumno, en grupo cooperativo o individualmente, explicando a la clase o con el docente. Escoger la metodología adecuada para cada aula, incluso para cada alumno es parte de la pericia docente. Evidentemente todas esas metodologías por si solas no son suficientes, necesitan que el docente sea capaz de oír y ver los sentimientos de sus alumnos, su seguridad, si interés y su alegría ante cada logro, ante cada avance.

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