La Mesa de Otoño

Por Cristina Rosselló-

En este número nos hemos animado a presentaros la mesa de estación de otoño, la cual representa el calor que despedimos del verano y el reposo que llegará del invierno, un paisaje bañado en colores tierra que no deja indiferente a nadie.

La conexión que existe entre la naturaleza y el ser humano es evidente. Ahora que ya estamos bien adentrados en la nueva estación, podemos reconocer que hemos experimentado en el proceso muchos síntomas que nos avisaban del cambio estival, no sólo en el exterior con la caída de las hojas o las lluvias más presentes sino en nuestro interior, algo más agitado de lo normal ante el proceso de recoger nuestro espíritu veraniego para dar paso al reposo en el cálido hogar. Estas experiencias son vividas por los niños y niñas de manera transversal pero, aun así, pueden asumir lo que conlleva cada una de ellas, las leyes y características que las acompañan. Sin embargo, para que puedan vivir esta transición conectados conscientemente a este ciclo natural, hay una herramienta que además de ser muy útil, es maravillosa… La mesa de estación basada en la Pedagogía Waldorf.

Se trata de una mesa u otra base donde tener un rinconcito en nuestro hogar o aula que represente aquello que se vive en la naturaleza. El objetivo es que los niños y niñas (y los adultos también) puedan percibir los cambios que se van produciendo en su entorno de forma sutil y amorosa a través de la representación de cada estación con elementos naturales. Piedras, piñas, semillas, hojas, ramas, conchas, flores… Suelen ser los elementos más presentes en la mesa de estación, añadiendo algún animalito o visitante de madera, lana o fieltro. De este modo, la mesa de estación va cambiando poco a poco según vamos avanzando, lo que proporciona a los niños seguridad, anticipando lo que vendrá y dando significado a lo que sienten en cada época del año. Esta mesa está presente en todas las escuelas Waldorf del mundo, ya que uno de los puntos fuertes de esta pedagogía es la importancia de la conexión con la natura y los ritmos cíclicos que la acompañan.

La mesa de estación de otoño es apta para todas las edades, desde 0 a 99 años. Pero es a partir de los dos años, aproximadamente, cuando este rincón empieza a tener más importancia para los niños y niñas, donde participan en la búsqueda de elementos y en el montaje de la mesa, apreciando el proceso que se vive en ella. La mejor manera de empezar una mesa de estación de otoño es con un largo paseo por el bosque. Allí los más pequeños podrán iniciar el ritual de transición, admirando con detenimiento todos aquellos detalles que nos ofrece la estación. Los caracoles colgados de las flores estrellas, los mantos de setas decorando las raíces de los árboles, las piscinas de hojas secas, nuevas semillas que nos invitan a curiosear y recolectar… Toda una experiencia sensorial y espiritual, que nos deja formar parte de la realidad natural, conectando con nuestro propio ritmo interior.

Es un recurso con muchas posibilidades y muy sencillo, de gran calidad, pero a la vez muy asequible, ya que la mayoría de elementos y materiales que usamos nos los regala la naturaleza. Además, nos permite personalizarla según las necesidades de cada familia y/o aula. En nuestra mesa todo tiene cabida siempre que represente el momento de la estación que estamos viviendo.

Algunos de los materiales son:

– Elementos naturales como piñas, ramas, troncos, hojas, flores, semillas, piedras, caracoles…

– Frutas, frutos y verduras de la temporada (granadas, calabazas, almendras, bellotas, castañas…)

– Telas ligeras en tonos tierra como seda, fieltro o algodón para usar como base.

– Podemos añadir animales de fieltro, lana o madera que sean representativos de esta época del año como las ardillas, los erizos o los caracoles. También los podemos hacer con los mismos elementos naturales.

– Otra opción es crear gnomos u otros personajes con materiales naturales que den vida a la mesa. En las mesas de estación Waldorf en otoño son muy representativos los gnomos o enanitos/as de lana cardada.

– Según el momento de la estación podemos ir añadiendo otros elementos característicos como calabazas en halloween, farolillo en San Martín, etc. O incluso añadir algún detalle por acontecimientos importantes familiares si los hay en la estación (cumpleaños, viaje…)

– Una herramienta muy útil para acompañar la mesa de estación son los cuentos que están inspirados en cada época del año, ya que ayudan a trabajar e integrar las distintas características de la temporada. Los podemos incluir en la propia mesa o adecuar un lugar cercano donde tenerlos a mano. Aquí os dejo una lista de cuentos otoñales para la ocasión:

» El cuento de Otoño de Gerda Muller

» El libro de Otoño de Rotreut Susanne Berners

» Cuentos para ver, oír y sentir de Tamara Chubarovsky

» El Otoño de Claudia Degliuomini

» Un día de Otoño de A. Gassó

(…)

Además, en las redes podréis encontrar muchos cuentos tradicionales de Otoño perfectos para crear en casa o en el aula vuestros propios cuentos, ya sea con ilustraciones para los más artistas o pegando elementos naturales.

Cuando tenemos todo lo necesario, nos ponemos manos a la obra, bueno en este caso a la mesa…

El primer paso sería buscar un rincón cálido donde acoger este pedacito de natura. Normalmente, se pone en el recibidor o entrada de casa, aunque cualquier lugar visible estará bien (salón, distribuidor, porche…). Por supuesto, utilizaremos una base que esté a la altura de los niños y niñas para que puedan observar y manipular la mesa sin dificultad.

El segundo paso será cubrir la mesa con telas de colores otoñales, como los colores tierra, que nos harán de base. Podemos mezclar varias tonalidades o poner alguna de fondo para darle vida.

El tercer paso será poner toda nuestra creatividad para representar la estación a través de la colocación de los distintos elementos y materiales. Una casita de troncos, una velita hecha en casa, una cueva con piedras, un bosque de piñas, un jarroncito con ramitas secas o flores, un enanito que se esconde entre las hojas secas… Una infinidad de posibilidades donde los pequeños darán vida a su imaginación. Recordad los detalles que irán dando forma al día a día de vuestra mesa, como por ejemplo un farolillo ahora que se acerca San Martín, que refleje la última luz que nos deja el verano.

Por último, debemos mantener viva la energía de vuestra mesa de estación, dando paso al frío invierno, que a su vez nutrirá la tierra que despertará verde y llena de color, para pintar el paisaje de color trigo cuando llegue el calor… Es una poesía en constante movimiento ¿Verdad?

Esperamos que os haya inspirado… ¡Feliz Otoño!

 

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