Navidad ¿Fantasía o realidad?

Por Cristina Rosselló-

Han llegado Papá Noel y los Reyes Magos… ¿Abrimos la puerta?

Hoy me gustaría hablaros de esas leyendas navideñas que nos acompañan de generación en generación y que suscitan tanto revuelo entre nuestros peques. Papa Noel y, sus parientes de Oriente, los Reyes Magos es un tema que conlleva gran controversia. La visita de estos entrañables personajes está estrechamente ligada a la ilusión, a la intriga, al compartir, a la espera y al amor, pero también a la mentira social y a la manipulación de la población infantil. Cuando decidimos llevar a cabo una maternidad/paternidad consciente, una de las primeras cosas que asumimos es qunavidad respetoe la mentira no nos ayuda en nuestra relación y comunicación con nuestros hijos e hijas, y que si la franqueza y sinceridad están por bandera, todos nos sentimos más confiados, amados y respetados.

Cuando nos planteamos si aceptar o no a nuestros amigos viajeros, la duda se encuentra en si “engañar” o no a nuestros hijos e hijas haciéndoles partícipes de esta mentira. Yo creo que la primera pregunta es: ¿realmente es una mentira? ¿es mentira cuando él o ella juega a ser médico o elefante? La diferencia, desde luego, está en la elección, algo que sale del niño o algo que se impone desde fuera… Pero ¿y si no se impone?

Por muy decididos que estemos en no participar en esta mentira, ésta se encuentra por todas partes… en casa de la vecina, de la tía, en el supermercado, en la escuela… Nuestros amigos entrañables están por todo y como niños y niñas sanos ellos preguntan, se cuestionan e imaginan entorno a aquello que ven. Por supuesto, nosotros podríamos cerrar este encuentro fortuito de sucesos con un “cariño eso es una leyenda, es mentira y lo utilizan los adultos como una excusa para hacer regalos a los niños”, pero la pregunta es: ¿qué haría el niño o niña si nosotros no intervenimos? A ellos les encanta imaginar, creer en cosas que no pueden ver ni tocar… Les gusta ser una bruja o un león, crear sus propias conclusiones sobre las cosas sin tener que usar la lógica aplastante de los adultos, pues su cerebro no funciona como el nuestro. Por lo general, percibimos que tienen entusiasmo por sumarse a aquello que captan en el aire, a esa magia, porque para ellos es un juego. 

Ese don universal llamado imaginación les permite poder ir asimilando la realidad que les rodea junto a la verdad que existe en su interior. A través de ella representan infinidad de mundos paralelos que les ofrecen posibilidades de recrear vivencias que les son necesarias para su expresión, comunicación, relaciones sociales… pero también para ir dando sentido a lo que necesitan y sienten, es decir, es un feedback que ayuda a desarrollarse de forma íntegra. Por eso el juego tiene tanta repercusión en sus vidas, aprenden a través de vivencias, sean o no “reales”.

Esa flexibilidad de adaptarse a las situaciones les caracteriza, son capaces de vivir en la realidad y en el mundo imaginario a la vez. Pueden venir a comprar los regalos para otros familiares o amigos, sumarse a envolverlos y hasta hacer sus propios regalos que pondrán debajo del árbol. Y nosotros podemos crear toda una magia sin necesidad de crear según que expectativas en ellos. Invitarles a que ellos mismos decidan si son los reyes magos que en secreto han entrado en casa o si por lo contrario prefieren que sean papá y mamá quienes traigan los regalos de navidad. No todos somos iguales, no todos tenemos las mismas necesidades ni los mismos gustos… Así que, en este caso, una vez más, la mejor frase sería “seguid al niño o niña”, pues ellos tienen la respuesta más acertada. Se trata de no imponer nada, solo observar que necesitan para sentirse bien.

Creo que lo más importante es que nosotros, como adultos, no perdamos esa perspectiva de que para ellos es un juego, un cuento hecho realidad con el que están interactuando, el resto lo ponemos nosotros. Ese miedo a cómo se sentirán cuando crezcan y conozcan la verdad, si se sentirán engañados o no, creo que en parte es una proyección nuestra sobre qué representó eso para nosotros. Evidentemente, casi todos vivimos una infancia con un desierto emocional, donde nuestras necesidades no eran respetadas. En esa situación, estos personajes podían representar algo muy querido, algo a lo que aferrarse y, por tanto, su pérdida era algo duro y difícil de asimilar. O, por el contrario, aquella mentira representaba una excusa para recriminar esa falta de respeto y amor que se vivía de forma permanente.

Sin embargo, un niño emocionalmente sano no tendría que encontrar dificultad en gestionar esta “mentira” y con un acompañamiento respetuoso hacia sus sentimientos y un razonamiento sincero y lógico de la situación, debería ser suficiente para que entendiese que se trataba de un juego.

navidad y niños

 

Hay que tener en cuenta que no tenemos pócima mágica que les libere de un malestar emocional, pues ellos también han venido a recorrer su propio camino. Así que si sigues la mentira te puedes encontrar que a tu hijo o hija le siente mal enterarse de la verdad y que sea un duro golpe que superar; pero también el duro golpe puede ser no haber tenido regalos de estos personajes de leyenda… Nunca lo podemos saber con certeza, solo nos queda confiar en nuestro criterio y respetar el de los demás, sabiendo que actuamos lo mejor que pudimos con la información que poseíamos, como lo hicieron nuestros padres. Como veis esta leyenda también sigue de generación en generación. Feliz Navidad a todos y todas!

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