Cómo poner límites desde la educación respetuosa

Laura Frau. Psicóloga.Psicopedagoga

Venimos de una sociedad donde para poner límites y establecer control social se ha ejercido una cultura del miedo, la vejación y el ridículo. Se ha usado el castigo y el miedo a este, para hacer cumplir la norma, se ha expuesto y se expone la intimidad del que hace algo políticamente incorrecto y se juzga y se señala con el dedo al que se equivoca, cosa que genera más dolor, rabia y la necesidad de cerrarse al mundo como ser humano creando separación o violencia, y esto se ha trasladado a las aulas, creando Bulling, violencia, y una guerra entre alumnos y profesores por la autoridad que genera luchas de poder: Unos luchan por hacerse respetar y otros por ejercer su derecho a la libertad de elegir que hacen y que no.

Hay personas que vienen y me dicen: “pues no será para tanto, a mí me castigaron y no he salido tan mal”… Bueno, depende de lo que se considere salir mal…para mí no se trata de eso, sino de que no podemos pedir respeto cuando ejercemos violencia y esto es una forma de violencia, sino lo crees,  basta ver las generaciones de adolescentes que tenemos, cada vez más violentos, no podemos pedir respeto si somos los primeros que no los respetamos, los obligamos a obedecer, eso sólo genera sumisión o rebelión, ambas malas opciones.

Desde esta mirada no buscamos la obediencia, sino la cooperación, y es cierto, eso requiere de tiempo, de paciencia y de saber que tendremos niños/as con criterio y que si, precisamente porque tienen criterio nos van a cuestionar, pero desde otro lugar diferente al violento, nos van a cuestionar desde el respeto, desde el amor, desde la argumentación y con un tono modulado, no a gritos, llantos, amenazas, ect. No lo olvidéis, los niños/as hacen lo que ven.

Desde una mirada respetuosa, el adulto cuida mucho cómo pone límites y normas porque sabe que el peque aprenderá a hacerlo de ese modo. Pero…¿Qué diferencia hay entre un límite y una norma? El límite es necesario, la norma es negociable. El límite no se puede negociar porque cuida la integridad física i/o emocional del niño/a. Mi función es ponerlo y evitar que transgreda porque soy el adulto y mi labor es proteger y cuidar, si ese límite se transgrede el niño/a puede salir herido física o emocionalmente. La norma es una regla que elegimos nosotros para mantener el bienestar y la convivencia y eso en cada casa puede ser diferente. Po ejemplo, el hecho de que no puede usar un cuchillo con 3 añitos para jugar es un límite, porque podría hacerse daño, en cambio si comemos con cubiertos o no es una norma, porque hay culturas que usan las manos para comer y para ellos comer con cubiertos es impensable.

Pues para poner límites de forma respetuosa esto es lo primero que tenemos que preguntarnos…Esto…¿Es un límite o una norma? Las normas las negociamos entre todos, y por tanto también negociamos que ocurre cuando se transgrede alguna. Los límites no se negocian, se transmiten, y para que se respeten es importante seguir estos pasos:

  • Explica de forma clara, corta y concisa el límite y en positivo: Por ejemplo: “El cuchillo puede hacer daño…
  • Siempre que ponemos un límite damos una alternativa: Por ejemplo “El cuchillo puede hacer daño, si quieres puedes usar la cuchara”
  • Modifica el tono de voz: No hace falta gritar, ni mucho menos, pero si tiene que ser un tono diferente y una expresión facial diferente, los niños/as son grandes conocedores del lenguaje no verbal, si no entiende lo que dices, entenderá la expresión de tu rostro y tu tono de voz.
  • Antes que poner el límite verbal, prepara el ambiente: Primero ponemos los límites físicos necesarios, si no quiero que toque el enchufe, es mejor poner un protector que pasarse todo el día diciéndole que eso no se toca.
  • Les pedimos las cosas, no damos órdenes: ¿Podrías ponerte la chaqueta, por favor? En lugar de “nos vamos, ponte la chaqueta por favor”.
  • Somos consecuentes y coherentes: No le pedimos al niño lo que no sabemos hacer nosotros, y lo que le pedimos tenemos que hacerlo también: Si le digo “No chilleeeessss” mientras yo chillo, el niño no lo respetará.
  • Predicamos con el ejemplo: Si no quiero que vea la tele, no puedo estar mirando yo la tele todo el día.
  • Les dejamos hablar y mantenemos una escucha activa: Lo que digan es importante sea lo que sea, nunca es cuestionado, escuchamos con atención todo lo que nos tenga que decir, no interrumpimos y no rebatimos o justificamos.

Cuando se pone un límite, la niña/o se frustra, siente dolor, eso es inevitable, así que no basta con poner el límite sino que hay que acompañarlo…¿Cómo?

  • Reconoce los sentimientos del niño/a: Ya…se que te gusta mucho el chocolate, ¿te duele/enfada no poder comerlo? (siempre en forma de pregunta para que nos diga si eso es así o no…nunca afirmamos porque no sabemos que está sintiendo realmente).
  • Dejamos que exprese lo que siente y lo acompañamos sin juzgarlo sea lo que sea: Si se enfada, no nos vamos, nos quedamos a su lado, le decimos, pareces enfadado y dejamos que lo exprese sin hacerse daño y sin hacer daño a otro. Podemos ofrecer abrazarlo o cogerlo, si quiere, y lo calmamos, si no quiere nos quedamos al lado y mantenemos el contacto visual, hasta que se calma, cuidando que está bien.
  • Dar amor: Una vez nos lo permite, lo acogemos y le abrazamos o le expresamos que lo queremos.

Y es que, si todos nos tratáramos así, el mundo cambiaría…”quiéreme cuando menos lo merezco, porque es cuando más lo necesito”.

 

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